Cultura y Patrimonio

gestión cultural con los ciudadanos

Entradas etiquetadas ‘Uruguay

La inversión en patrimonio – Ciudad Vieja y Barrio de las Artes en Montevideo

con un comentario

La inversión en patrimonio

por Facundo de Almeida

Es habitual que los depredadores patrimoniales esgriman, como argumento para defender la demolición indiscriminada, que la protección atenta contra el desarrollo, genera desempleo, y hasta puede causar la ruina de las ciudades o países que siguen ese camino.

En m2 hemos presentado innumerables casos que demuestran lo contrario, es más, desde el punto de vista estrictamente económico es evidente que lo racional es preservar y revitalizar el patrimonio arquitectónico. Recordarán los lectores el estudio realizado por las autoridades de Cartagena de Indias que identificaba las distintas formas en las que los inmuebles patrimoniales generan valor.

Pero cuando esto lo afirman dos desarrolladores que se dedican a promover negocios vinculados a la revitalización del patrimonio arquitectónico, que les va muy bien y hacen que les vaya bien a sus clientes, el mensaje adquiere otra dimensión. Se trata de Olenka y Jesper Bethe. Ella es arquitecta de origen peruano, formada en la UBA y especializada en su Estados Unidos natal, y él, un danés que luego de trabajar años para una naviera abrazó el negocio del patrimonio arquitectónico.

Son un matrimonio que vivió en Buenos Aires, donde realizaron restauraciones en Palermo, y finalmente decidieron recalar en Montevideo, y hoy su empresa, Urban Heritage, es uno de los principales actores privados en el proceso revitalización del casco antiguo de la capital uruguaya.

Cuando se trata de patrimonio arquitectónico, hasta para hacer negocios es evidente que hace falta apasionarse, aunque sin perder la frialdad necesaria para evaluar la rentabilidad del proyecto. Los fundadores y gestores de este emprendimiento lo demuestran en cada frase, y con argumentos bien alejados del sentimentalismo y fundados en premisas básicas de la economía.

“Los inmuebles patrimoniales son escasos –cada vez más–, singulares, irreproducibles y los que merecen ser revitalizados, de alta calidad, frente a la arquitectura contemporánea que se puede reproducir, cada vez hay más, y a excepción de algunos casos es, en general, de baja calidad. Es lógico entonces que un bien escaso e irreproducible con el tiempo adquiera más valor frente al otro cuyo oferta aumenta, y por el contrario su precio tienda a decrecer”, afirma Bethe.

También aclara que para que eso sea cierto debe restaurarse a conciencia y conservarse al máximo el edificio original, y así lo expresa: “Aunque la normativa me permita agregar metros, si esos metros quitan calidad o esencia al inmueble prefiero construir menos pero no desvalorizar el conjunto”.

Coincide con Olenka en que actualmente es mejor negocio invertir en el casco histórico de Montevideo que en Punta del Este, donde los precios ya están consolidados. La rentabilidad que hoy están manejando es de entre un 8 y 10 por ciento si se trata de alquilar el bien restaurado, y del ciento por ciento en tres años en caso de venta o de un 150 en cinco años.

Las razones, para ellos, son sencillas de explicar: fuerte protección en el área que impide que al lado de un edificio patrimonial se construya uno nuevo en altura, reglas claras en cuanto a qué se puede hacer y qué no, y una legislación de aplicación más general, pero útil para este tipo de proyectos: la ley de promoción de las inversiones.

Esta ley beneficia al inversor con importantes descuentos en el IVA aplicable a todos los costos del proyecto; concede una reducción más que significativa en el impuesto a la renta; mantiene la valuación fiscal del momento de la compra durante 8 años, y prevé la devolución de impuestos en certificados fiscales que luego pueden ser aplicados al pago de otras cargas impositivas o laborales.

Pero para que este negocio sea rentable a largo plazo –dicen– debe cuidarse el barrio y no pensar sólo en el edificio en el que uno está invirtiendo. Para ellos, los barrios que funcionan son los que tienen una población heterogénea, con todos los niveles socioeconómicos representados y con un equilibro entre usos comerciales y de vivienda.

Es allí donde entran a jugar un rol significativo los proyectos cooperativos financiados por el Estado, que recuperan inmuebles patrimoniales, conservando sus características, pero con el destino de transformarse en vivienda social. Esto se hace generalmente a través de programas de autoconstrucción, y que contribuyen a evitar la expulsión de población de menores ingresos. También los subsidios de la Intendencia de Montevideo, que le permite al ciudadano común arreglar un baño, una cocina, una fachada, un problema de humedad y así mejorar su calidad de vida y la del barrio, aportan en ese sentido.

El casco histórico de Montevideo es diferente de otros que han perdido a su población y hoy son, en el mejor de los casos, salas de museo al aire libre. Este es un barrio vivo. Allí se concentra la actividad bancaria y financiera, buena parte de la administración pública, representaciones diplomáticas, la actividad portuaria y sus derivados, tiene una altísima concentración de propuestas culturales, con más de una veintena de centros culturales y museos en unas pocas manzanas, y existen numerosos comercios pequeños y una población que si bien decreció en los últimos años, parecería que tiende a estabilizarse e incluso se vuelve a nutrir y a diversificar.

Tienen además una gran aceptación entre los turistas, algo que entusiasma a Bethe. Según estudios realizados en 2011 por el Ministerio de Turismo y Deporte y el Programa de Revitalización de la Ciudad Vieja, para el 75 por ciento de los entrevistados los principales atractivos son historia y arquitectura, y un 88 por ciento de los encuestados afirmó que volvería. “Una tasa de retorno potencial que cualquier marca, producto o ciudad desearía tener”, afirma el desarrollador.

Hoy este sector de la ciudad de Montevideo tiene una treintena de proyectos de restauración en marcha, según los datos que maneja la Comisión Especial de Patrimonio de la Ciudad Vieja. A estos se suman otros en el límite con Barrio Sur, donde la intendencia impulsa el “Barrio de las Artes”, algunos ya terminados y en funcionamiento, como el Hotel Cervantes y otros en marcha, entre los que destacan la próxima sede del Banco de Desarrollo de América Latina-CAF y el futuro Museo de las Ciencias que impulsa el Ministerio de Educación y Cultura y el Hotel Soriano.

Queda claro que una fuerte presencia del Estado no es incompatible con este negocio, sino por el contrario una base sólida para su desarrollo, porque requiere que se preserven los inmuebles, no se altere el ejido, se mantenga el perfil urbano y se regulen los usos. Y el negocio es de los inversores, pero también de la comunidad en su conjunto.

(Publicado en el diario Página/12 el 26-5-2012).

Escrito por facundodealmeida

26/05/2012 a 11:10 pm

El Palacio Taranco

dejar un comentario »

El solar que ocupa actualmente el Palacio Taranco en la Ciudad Vieja de Montevideo estaba dentro de los límites defensivos exteriores del antiguo fuerte en la Plaza San Felipe y Santiago de Montevideo, construido por mandato del rey Felipe V. En el año 1791, Manuel Cipriano de Melo solicita autorización del gobernador de Montevideo para construir allí La Casa de las Comedias, el primer teatro de la ciudad.

Ese predio albergó desde entonces distintas salas teatrales, hasta que finalmente a fines del 1800 fue demolido y los hermanos Ortiz de Taranco emplazaron allí en 1907 su residencia particular. Eran emigrantes españoles de origen castellano, que años más tarde se convirtieron en grandes comerciantes y hombres de gran influencia en la sociedad montevideana.

El proyecto fue obra de los arquitectos franceses Charles Louis Girault y Jules León Chifflot, quienes tenían en su haber obras de gran trascendencia como el Arco del Triunfo en París y la embajada de Francia en Viena. Los arquitectos tomaron para la obra elementos del art nouveau (como los vitraux) y del clasicismo francés.

Como ocurría en aquella época, el material para la construcción fue traído desde Europa, incluyendo mobiliario, decoración y cortinados. El Palacio Taranco surgió así como un edificio imponente en la sublime Plaza Zabala, que sigue siendo uno de los rincones más lindos de Montevideo.

Fue cedido al Estado uruguayo y desde 1975 es Monumento Histórico Nacional. Este edificio también fue sede de hechos históricos trascendentales, por ejemplo durante las negociaciones internacionales por el diferendo limítrofe entre Argentina y Chile en 1979: ahí se firmó el Acta de Montevideo luego de la mediación papal.

El Palacio Taranco es desde 1972 sede del Museo de Artes Decorativas y recorrerlo permite al visitante deslumbrarse no sólo con la arquitectura, sino también con el mobiliario –estilo Luis XV y Luis XVI–, y con una colección permanente de arqueología clásica y musulmana de los siglos X al XVIII, y las artesanías griegas y romanas de los siglos XIII al III a.C., ubicadas en el subsuelo del local que antiguamente fuera bodega y sala de gimnasia de los hermanos Ortiz de Taranco.

En la planta alta del museo se exhiben las firmas más antiguas: Ghirlandaio (1449-1494) (atribuido), José Ribera (1591-1652), Peeter Snayers (1592-1667), Michiel van Mierevelt (1567-1641), David Teniers (1610-1690), Bartholomeus van der Helst (1613-1670), entre otros.

En la planta baja están reunidas las obras de autores españoles, tales como Eugenio Lucas Velázquez (1817-1870), Ramón Tusquets (1837-1904), Francisco Pradilla Ortiz (1848-1921), Baldomero Galofre (1849-1909), Salvador Sánchez Barbudo (1857-1917), Eliseo Meifrén (1858-1940), Joaquín Sorolla (1863-1923), Ignacio Zuloaga (1870-1945), y la única obra de autor uruguayo –Juan Manuel Blanes– que la familia adquirió.

También se destaca la exposición A través del humo: perfume que reúne frascos de aceites y ungüentos perfumados de la antigüedad clásica, que se puede disfrutar en las visitas guiadas.

El Taranco, como se lo conoce hoy en día, está emplazado en una zona de alto valor histórico y patrimonial, a pocas cuadras de la Plaza Matriz, donde se encuentran la Catedral y el Cabildo de Montevideo.

Una buena razón, entre muchas otras, para cruzar el charco y descubrir uno de los edificios más valiosos y bellos de la capital uruguaya.

(Publicado en el diario Página/12 el 23-7-2011).

Escrito por facundodealmeida

26/07/2011 a 2:23 am

Mal educados

con 3 comentarios

En este suplemento más de una vez nos hemos referido a la falta de instancias de formación en preservación del patrimonio arquitectónico en las universidades argentinas, y en especial en las públicas. La capacitación de los profesionales de la arquitectura en el conocimiento de las cualidades y calidades de la arquitectura valiosa, heredada de nuestros ancestros, está reducida a ofertas de posgrado, y por lo tanto son optativas y rentadas.

Esta limitación hace que normalmente se inclinen por esos programas quienes ya tienen un interés o sensibilidad por el tema, y por supuesto cuenten con los recursos económicos para solventarlos. Por el contrario, la mayoría de los arquitectos desconoce olímpicamente no sólo los estilos y arquitectos del pasado, y su significación, sino también las técnicas para preservar y restaurar los inmuebles valiosos.

Los resultados están a la vista en cualquier calle de la ciudad, por ejemplo, cuando vemos el revestimiento símil piedra con una y otra capa de pintura encima.

Tal vez por esta falta de conocimiento y con el propósito de hacerse lugar para desarrollar sus proyectos, a muchos arquitectos no les tiembla el pulso cuando demuelen obras que hicieron sus colegas en el pasado, la mayor parte de las veces con mejores ideas, materiales y mayor imaginación y destreza. Lo mismo, o peor, ocurre con ingenieros y maestros mayores de obra, que también tienen licencia para demoler.

Esta falta de capacitación formal tampoco se complementa con instancias informales que les permitan a los futuros arquitectos conocer y apreciar el legado arquitectónico del pasado, aquí y en otros lugares del mundo.

Las universidades públicas y privadas tampoco cuentan con programas masivos que permitan a los estudiantes apreciar en vivo y en directo las expresiones arquitectónicas de otras latitudes, si estos no tienen los recursos económicos y la sensibilidad necesarios para viajar por el mundo.

Un ejemplo, que nuestros académicos podrían imitar, es el de la Universidad de la República Oriental del Uruguay, que desde hace 65 años obliga a sus estudiantes de arquitectura a realizar un viaje de estudios de nueve meses de duración por los cinco continentes, como exigencia ineludible para recibir el tan preciado título universitario.

Es una universidad pública y gratuita, y la forma de solventar este costoso viaje se sustenta en un principio básico: la solidaridad. Los alumnos del penúltimo y antepenúltimo año de la carrera deben vender rifas, y con ese dinero realizan su viaje los alumnos del curso superior.

Este mecanismo permite que año a año cientos de estudiantes de arquitectura partan rumbo a las Américas, Europa, Asia, Africa y Oceanía a ver arquitectura, de la patrimonial y de la contemporánea, y así puedan apreciar con sus propios ojos las mejores expresiones del arte de construir, y vuelvan a su país para terminar sus estudios. Para ello, deben desarrollar de principio a fin un proyecto arquitectónico completo, y demostrar que pueden aplicar con solvencia lo que han estudiado y observado.

Los resultados pueden verse en un documental que relata esta experiencia (http://www.gonlo.com/65viajes/65viajes.html), tan institucionalizada, que todos los jóvenes saben que si estudian arquitectura podrán hacer ese viaje por el mundo.

Es común ver estudiantes por las calles de Montevideo vender sus “rifas de arquitectura”, y también es habitual que los ciudadanos las compren, porque saben que con ese aporte están contribuyendo a construir –y nunca tan justo el término– un país mejor.

(Publicado en el diario Página/12 el 23-4-2011).

Escrito por facundodealmeida

29/04/2011 a 11:43 pm

Carnaval en el MAPI!

dejar un comentario »

El MAPI exhibe en forma destacada, durante la semana de carnaval, una mascara donada por el Sr. Walter Tournier, que fue utilizada en el carnaval de Oruro en la década del ’70.

El Carnaval es una fiesta popular que se celebra los tres días antes de la cuaresma cristiana, en la que las ciudades se convierten en una diversión caracterizada por la invasión de las calles de disfraces, máscaras, maquillajes, música, color, etc.

En Uruguay el Carnaval es el más largo del mundo, con 40 días de duración, pues se inicia a fines de enero y finaliza en las primeras semanas de marzo. Comienza con el desfile inaugural el último jueves de enero, donde desfilan las 50 agrupaciones del carnaval (entre murgas, parodistas, humoristas, revistas). El otro desfile importante del Carnaval son las Llamadas, desfile de comparsas de negros y lubolos que tocan el ritmo del candombe, y que se realiza el primer jueves y viernes de febrero, y donde participan más de 40 agrupaciones formadas por cien personas.

A parte de los desfiles, el carnaval uruguayo cuenta con otras fiestas, como la elección de las reines, el concurso Oficial de Agrupaciones y los tablados a lo largo de la ciudad en la que los diferentes agrupaciones se presentan cada noche. En el año 2009 Montevideo, fue declarada Capital Iberoamericana del Carnaval.

El Carnaval de Oruro, celebrado cada año en honor de la Virgen del Socavón, es una de las manifestaciones culturales más emblemáticas  de Bolivia-

En su origen histórico (que data de fines del siglo XVIII, con la aparición de la imagen de la Virgen) se entrelazan elementos de las culturas andinas tradicionales- invocaciones a la Pachamama (Madre Tierra), al Tío Supay (Diablo)- y del cristianismo hispanoamericano

Entre la gana de expresiones artísticas del carnaval orureño se encuentra “La Diablada”, una de las dieciocho danzas típicas bolivianas, en la cual se utilizan distintas máscaras inspiradas en la iconografía sincrética.

En el 2001 la Unesco declaró al carnaval como “Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad”.

Seguinos en Facebook!

Escrito por facundodealmeida

08/03/2011 a 11:21 pm

Patrimonio vivo

dejar un comentario »

La quinta Vaz Ferreira en Montevideo es una experiencia realmente especial de conservación y apertura al público. Y también un ejemplo de la naturalidad con que públicos y privados trabajan juntos en Uruguay.

La quinta que mandó a construir en 1918 el abogado y filósofo Carlos Vaz Ferreira fue edificada bajo la dirección de Alberto Reborati y ampliada por única vez en 1928 por la firma Bello & Reborati. Ubicada en el barrio Atahualpa de Montevideo es una joya del patrimonio cultural uruguayo que se ha conservado intacta hasta el día de hoy. Fue declarada monumento histórico nacional en 1975 y desde 2004, la Fundación Vaz Ferreira, creada por los descendientes del filósofo, la abre al público como museo de sitio y centro cultural.

El inmueble es una joya modernista del arquitecto Alberto Reborati, el mobiliario y la decoración obra del artista Milo Beretta –discípulo de Pedro Figari–, el jardín es claro ejemplo de un paisaje cultural indisoluble del conjunto, y el patrimonio inmaterial representado por el legado intelectual del filósofo y por las actividades culturales de ayer y de hoy, dan vida a la casa y completan el conjunto.

Cruzar la reja de entrada a la quinta Vaz Ferreira es tener la oportunidad de palpar la historia del Uruguay de principios del siglo XX. Vaz Ferreira le encomendó al reconocido arquitecto uruguayo Alberto Reborati construir una casa en un predio del barrio Atahualpa de Montevideo que había visitado años antes. Sería luego la residencia de la familia y aún hoy la conservan los descendientes del filósofo en forma inalterada.

La casa está emplazada en medio de un jardín de aspecto selvático de algo más de un cuarto de manzana, fue diseñada con una planta rectangular desarrollada en dos pisos y un entrepiso. Si uno entra por la puerta principal, orientada hacia la calle que hoy lleva el nombre de Vaz Ferreira, atraviesa el jardín y luego una gran puerta de vidrio y hierro forjado, coronada por un vitral realizado en la Escuela de Artes y Oficios de Pedro Figari.

Eso hace muy luminoso el espacioso hall de entrada, con las paredes recubiertas de esterilla vegetal. A la izquierda, a través de dos grandes aberturas, está la sala de música y más allá el estudio del filósofo con dos grandes ventanales sobre el jardín-selva. El cielorraso fue pintado por Milo Beretta, encargado de la decoración y el equipamiento de la casa, con dibujos geométricos coloridos, y fue restaurado recientemente con fondos del Estado uruguayo. La inspiración precolombina para la ornamentación del techo fue consecuencia de una visita de Beretta al Museo de Ciencias Naturales de La Plata.

La planta baja se completa con una pequeña sala de recibo y con el cuarto con piano y mobiliario que pertenecieron a la hermana del filósofo, la poetisa María Eugenia Vaz Ferreira. La tradición familiar indica que pasó en la casa una sola noche, afectada por el intenso movimiento de la quinta, en la convivían el matrimonio con sus ocho hijos.

El entrepiso, una construcción más sencilla, fue un agregado de 1928 cuando intervino el estudio Bello & Reborati, y es uno de los lugares más recordados por los descendientes, que de niños jugaban ahí. En el piso superior se destacan la habitación del filósofo y la de su esposa, con una amplia terraza que mira hacia el frondoso parque, y en la que se conservan intactos el mobiliario, la decoración y hasta los utensilios y ropa que perteneció a los dueños originales. En torno de un hall contiguo con claraboya están dispuestas las habitaciones pertenecientes a los hijos del matrimonio, y en el baño sobresalen unas mayólicas de color.

El diseño interior de la casa y el equipamiento son obra del pintor Milo Beretta, discípulo de Pedro Figari y docente como aquél de la Escuela de Artes y Oficios. Beretta conjuga un equipamiento de gran sencillez estructural, y en su integración en el espacio arquitectónico reúne conceptos de las corrientes europeas de fin de siglo XIX del movimiento inglés de artes y oficios con elementos decorativos de inspiración prehispánica. Todo ello dentro de una concepción modernista en cortinas, alfombras, luminarias, objetos diversos y especialmente en la pintura del cielorraso del escritorio del filósofo.

El jardín

El jardín es uno de los espacios más asombrosos y con una tradición casi mítica en la historia familiar. Fue concebido por Don Carlos para el disfrute, el estudio y la fantasía de toda la familia, dentro de un proyecto de vida en armonía con la naturaleza. Vaz Ferreira respetó árboles y plantas que existían cuando compró el predio. Incorporó especies exóticas y nativas creando un jardín de árboles librado a su evolución natural, que permitiera desarrollar los ejemplares seleccionados, con una mínima intervención en el control de especies invasoras. El desarrollo libre del jardín permite ver hoy un palo borracho de enorme altura y especies florales de dimensiones sorprendentes.

Su respeto por la evolución de la naturaleza lo llevó a ordenar la demolición parcial de la pared perimetral de la quinta y su continuación unos metros más adelante, para evitar que el muro afectara el crecimiento de un árbol. El filósofo que prohibía cortar si quiera el más pequeño de los yuyos, compró un terreno lindante para que su esposa Elvira pudiera tener su jardín de flores, cercado, carpido y organizado en canteros con variedad de rosales, violetas, magnolias, jazmines y lilas.

La sala de música

La casa fue por varias décadas centro de veladas musicales. Vaz Ferreira sentía pasión por la música erudita. El filósofo compraba los equipos de música de última generación, y aún se conservan una pianola Grotrian Steinweg (Alemania) de 1923, un armonio sin teclado Melodant Angelus-Meridan de EE.UU. que puede ser acoplado a la pianola, dos victrolas RCA, varias radios, un tocadiscos, una fonoteca constituida por más de 2000 discos y 1700 rollos de música, y el piano M.F. Rachals & Co que perteneció a María Eugenia Vaz Ferreira.

“Los jueves de tarde y los viernes por la noche, tenían lugar las reuniones musicales en el escritorio de mi padre. Circulaba, con respecto a esas tertulias, la versión de que la puerta estaba abierta y el que quisiera entrar entrara. No era tan así la cosa, pero tampoco muy de otra manera, ya que se realizaban reuniones de ideología muy amplia y de tendencias muy variadas, en las que se conocía gente heterogénea y se escuchaban, algunas veces, obras por primera vez en Uruguay. La puerta estaba abierta sí, pero jamás se atrevía a entrar quien no conociera bien el lugar…”, recordaba hace unos años Matilde, hija de Vaz Ferreira.

En las veladas participaron artistas de la talla de Brailowsky, Friedman, Risler, Rubinstein, y Villalba, y los uruguayos Demicheri, Fanny Ingold, Luis Cluzeau Mortet, Mercedes Olivera y Eduardo Fabini. Entre los asistentes se destacaron Domingo Arena, Juan Zorrilla de San Martín, Milo Beretta, Enrique Legrand, Emilio Oribe, Federico Capurro, los hermanos José y Jacobo Varela y Esther de Cáceres.

La Fundación

En 1997 la quinta dejó de ser residencia familiar. Años más tarde los descendientes no se dejaron tentar por la especulación inmobiliaria y se organizaron para comenzar a restaurarla con un significativo aporte del Estado. Fue un acto de generosidad hacia su país y su cultura, tal vez inspirados en el ejemplo de la generación anterior. La restauración de las fachadas y la planta baja permitió que desde 2004 la quinta se abriera al público en las jornadas de patrimonio, recibiendo 17.000 personas. Esta oferta cultural contempló también la realización de visitas escolares, conciertos y conferencias.

En 2007 se constituyó la Fundación Vaz Ferreira-Raimondi, una institución privada sin fines de lucro, integrada por los descendientes directos del filósofo, pensador y educador uruguayo. Se retomó la tradición musical de la casa con ocho conciertos de estudiantes avanzados de la Escuela Universitaria de Música y con artistas de renombre como el Ensemble De Profundis.

La revitalización de la casa que incluye la restauración del patrimonio mueble e inmueble y la recuperación del legado intelectual y cultural del filósofo son obra de este magnífico emprendimiento familiar comandado por la arquitecta Cristina Echevarría, con el incondicional y entusiasta apoyo de su primo George Vaz Ferreira, y de muchos otros familiares, incluyendo a los cónyuges y a las nuevas generaciones. Esta tarea la llevan adelante en coordinación con el Estado, representado por la Comisión de Patrimonio Cultural de la Nación, el Ministerio de Transporte y Obras Públicas, y por la Intendencia de Montevideo que colabora con personal de apoyo en la celebración de los Días del Patrimonio. Todo ello con esa facilidad tan uruguaya para consensuar y trabajar entre el sector público y el privado.

Las actividades culturales se financian con cuotas de los socios de la fundación y el apoyo de empresas privadas como el Nuevo Banco Comercial, Fundación Itau, Cambadu y Estudio Guyer-Regules, y se realizan con la colaboración de la Asociación de Amigos, integrada por personalidades destacadas en el área de conservación de patrimonio y del paisaje, de la música y de la cultura: Mariano Arana, Gabriel Peluffo Linari, Vera Heller, Belela Herrera, Hugo Achugar, William Rey, Mecha Gattás, Ricardo Pascale, China Zorrilla, Jorge Abondanza, Lil Bettina Chouhy, Antonio Larreta, Luis Carrau y Jorge Schinca.

Las fechas de apertura al público de la quinta se anuncian en el grupo de la fundación en Facebook (http://www.facebook.com/group.php?gid=105905329446171). Vale la pena cruzar el charco para ver esta experiencia excepcional de patrimonio vivo.

(Publicada en el diario Página/12 el 2-1-2011).

 

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 458 seguidores