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Observatorio de Industrias Creativas
En una jornada abierta al público, el miércoles 29 de septiembre a las 18 hs. en el salón Montevideo de la Legislatura porteña (Perú 50), el OIC presentará el Anuario de Industrias Creativas 2009, que releva la situación de las industrias de base creativa de la Ciudad de Buenos Aires y establece una continuidad sin antecedentes en una publicación de estas características en nuestro país.
La presentación se hará en el marco de la mesa redonda: “La gestión de la información relativa a la economía creativa y cultural”, que tendrá como panelistas a Octavio Getino (cineasta, docente e investigador), Francisco Piñon (Universidad del Congreso / UTREF), Martín Becerra (UNQ) y Fernando Arias (OIC). La mesa será presentada por el director general de Industrias Creativas, Enrique Avogadro, y coordinada por el legislador porteño Enrique de Andreis. Ver más.
La publicación digital del anuario podrá ser descargada en este portal web con posterioridad a la presentación. Para ver ediciones anteriores, haga click aquí.
Anuario 2009
Como viene sucediendo desde 2005, el OIC publica la quinta edición del anuario de las industrias de base cultural de la Ciudad de Buenos Aires, ampliado desde el año 2007 a las industrias de base creativa. El anuario, que da continuidad al trabajo de delimitación de la economía creativa realizado el año pasado, analiza el impacto de este conjunto sobre la economía y el empleo de la Ciudad de Buenos Aires, así como sobre el comercio exterior de bienes y servicios creativos.
También se hace un seguimiento de la evolución de cada uno de los sectores y actividades que se han delimitado formando parte de las industrias creativas:
- artes escénicas y visuales: teatro, danza, ópera, pintura, escultura, grabado, entre otras,
- editorial: libros y publicaciones periódicas;
- musical: música grabada y en vivo;
- audiovisual: cine y video, radio y televisión;
- servicios de diseño (gráfico, interactivo, industrial, de moda, etc.);
- servicios creativos conexos: informática, videojuegos e Internet, arquitectura, publicidad, agencias de noticias, bibliotecas, archivos y museos.
UNESCO: Informe mundial sobre Diversidad Cultural
En la encrucijada de la reflexión intelectual, científica y política, este segundo Informe Mundial de la UNESCO se plantea como objetivo hacer el balance sobre todo lo que se dice, piensa y hace en nombre de la diversidad cultural, así como identificar las condiciones necesarias para que la diversidad se vuelva una ventaja y no una amenaza, una fuente de renovación para las políticas públicas al servicio del desarrollo, de la cohesión y de la paz.
La diversidad cultural – más compleja de lo que generalmente se supone – no se limita al ámbito cultural, y debe ser considerada en términos de diálogo y dinámica en relación con los nuevos retos que puede crear para las lenguas, los sistemas de educación, los medios de comunicación y el mundo empresarial.
A partir del análisis de nuevas iniciativas, ejemplos concretos, estudios de caso y buenas prácticas, este Informe pone de relieve unas serie de recomendaciones que explorar para renovar las estrategias de desarrollo a favor de la erradicación de la pobreza, la acción medioambiental y una gobernanza centrada en lo humano y sostenible.
Atlas de las Desigualdades Educativas en América Latina
El SITEAL (Sistema de Información de Tendencias Educativas en América Latina) presenta el Atlas de las desigualdades educativas en América Latina, concebido como un informe interactivo. A través de textos y mapas propone un análisis comprensivo de la dimensión geográfica de las desigualdades educativas en América Latina. Cada capítulo tiene la forma de un relato en el que se busca dar respuesta a interrogantes relevantes en el debate sobre la situación educativa de la región.
El Atlas de las Desigualdades Educativas en América Latina, desarrollado en el marco del proyecto SITEAL (IIPE UNESCO / OEI), se concibe como un informe visual interactivo que, a través de textos y mapas, propone un análisis comprensivo de la dimensión geográfica de las desigualdades educativas en América Latina.
Esta iniciativa invita a analizar las disposiciones territoriales de los fenómenos sociales y educativos en la región. En el momento de encuentro entre el estudiante y el docente están relacionándose también una familia y una escuela, en un contexto social y geográfico específico. Aquí se busca precisamente enfatizar en esta aproximación espacial a los procesos educativos.
Propósitos del Atlas
El Atlas de las desigualdades educativas en América Latina es una invitación a analizar las disposiciones territoriales de los fenómenos sociales y educativos en la región. En el momento de encuentro entre el estudiante y el docente están relacionándose también una familia y una escuela, en un contexto social y geográfico específico. Aquí se busca precisamente enfatizar en esta aproximación espacial a los procesos educativos.
Este Atlas de las desigualdades educativas se concibe como un informe visual interactivo, que a través de textos y mapas propone un análisis comprensivo de la dimensión geográfica de las desigualdades educativas en América Latina. Cada capítulo tiene la forma de un relato en el que se busca dar respuesta a interrogantes relevantes en el debate sobre la situación educativa de la región.
Lo que hay y lo que falta
En los últimos cuatro años la Legislatura aprobó una cantidad record de normas sobre patrimonio arquitectónico: 107 leyes que significaron la catalogación de 837 edificios y la creación o reglamentación de 26 nuevas Áreas de Protección Histórica.
También fueron cambios significativos el reconocimiento de que la sola existencia de un proyecto de ley de catalogación tiene un efecto de protección preventiva sobre el inmueble, y la sanción de las leyes 2548 y 3056 que establecen un régimen especial para todos los inmuebles anteriores a 1942, impidiendo que se demuelan edificios valiosos.
La implementación de la Ley 1227 protegió a los Bares Notables u otros inmuebles que, sin ser excepcionales, tienen un valor histórico irremplazable como el Teatro El Picadero.
Las instituciones también han evolucionado. La creación de una comisión específica en la Legislatura o la de un área específica en la Defensoría del Pueblo fueron avances clave, acompañados por una movilización ciudadana y un creciente interés de la prensa, que colocaron el tema en la agenda política porteña. La Justicia hizo lugar a acciones de amparo que impidieron demoliciones de edificios valiosos.
Todavía falta mucho por hacer. Es preciso establecer claramente quien es la autoridad de aplicación en materia de preservación del patrimonio –hoy existen competencias cruzadas ente el Ministerio de Cultura y el de Desarrollo Urbano- y que ésta tenga la clara voluntad de tomar medidas concretas para protegerlo.
Otra deuda pendiente es la aplicación de sanciones a quienes demuelen edificios sin permiso, ya que se ha vencido hace seis años el plazo para que el Poder Ejecutivo envíe el proyecto de ley que establezca el régimen de penalidades que ordena la Ley de Patrimonio Cultural.
Finalmente, es preciso aplicar la Ley de Protección Ambiental que obliga a contemplar en los estudios de impacto la necesidad de “preservar el patrimonio natural, cultural, urbanístico, arquitectónico y de calidad visual y sonora” de la Ciudad, es decir que no es suficiente con que se cumpla con las alturas permitidas en el Código de Planeamiento Urbano. Esto es aún más relevante a la luz del documento “Plan de acción para enfrentar las posibles consecuencia negativas del calentamiento global – Buenos Aires 2030”, elaborado por la Agencia de Protección Ambiental y presentado por el Jefe de Gobierno en la Cumbre de Copenhague. Allí se enuncia que la construcción provoca un fenómeno denominado “isla de calor” (aumento de la temperatura entre 1,3 y 3,5º) cuyas consecuencias son mayor consumo de energía, aumento de la contaminación y de las emisiones de gases.
Tal vez, el camino sea la sanción de un Código de Patrimonio Arquitectónico que unifique las normas, fije sanciones y promueva estímulos fiscales y económicos que hagan sustentable el patrimonio edificado.
Estadísticas Culturales
La versión 2009 del Marco de Estadísticas Culturales de la UNESCO (MEC) representa un esfuerzo de cooperación emprendido conjuntamente por el Instituto de Estadística de la UNESCO (UIS) y el Sector de Cultura de la UNESCO. Esta versión revisada de la metodología de estadísticas culturales de la UNESCO, basada en la versión 1986 del Marco de Estadísticas Culturales, incorpora una serie de conceptos que han emergido en el campo de la cultura desde entonces, entre los que se incluyen las nuevas tecnologías – que han transformado radicalmente la cultura y las formas de acceder a ella – el patrimonio inmaterial y las prácticas y políticas culturales en continua evolución.
En todas las sociedades del mundo la cultura juega un papel fundamental influyendo significativamente en las vidas de las personas y en sus actividades, sean éstas de carácter recreativo o profesional.
En años recientes, el papel de la cultura en el desarrollo ha emergido como un importante tema de política. Sin embargo, el desafío que implica preservar y respetar las particularidades de cada cultura y las cualidades propias de otras culturas, se debe abordar desde una perspectiva global. Si el objetivo perseguido es formular políticas basadas en evidencia y medir y evaluar sus posibles impactos, se debe contar con información fiable.
Reconociendo este hecho, la UNESCO ha considerado la necesidad de actualizar el Marco de Estadísticas Culturales de 1986 por estar éste basado en un concepto formal y estático de la cultura que no refleja el actual enfoque inclusivo ni las prioridades de los países en desarrollo. Adicionalmente, el nuevo marco proporciona una metodología y una base conceptual que permiten la producción y difusión de estadísticas culturales internacionalmente comparables.
La presente versión revisada es el fruto de una consulta integral a nivel mundial de cuatro años de duración. Una gran cantidad de expertos, académicos, estadísticos, Estados Miembros de la UNESCO y organizaciones internacionales, han contribuido de manera importante a su desarrollo.
Los diferentes actores, a través del aporte de nuevas y diversas perspectivas sobre la cultura y las estadísticas culturales, han sido una valiosa ayuda a la creación de esta metodología. Concebido como una metodología de aplicación tanto a nivel nacional como internacional, el objetivo primordial del MEC 2009 es facilitar las comparaciones internacionales basadas en una concepción común de la cultura, la utilización de definiciones estandarizadas y clasificaciones económicas y sociales de carácter internacional.
A través de este proyecto, la UNESCO espera incentivar la inversión en estadísticas culturales. Los Estados Miembros, así como las agencias internacionales y las organizaciones no gubernamentales, requieren tener acceso a datos y estadísticas que hagan posible medir en forma más acotada el impacto y la relevancia de las políticas y programas culturales. Confiamos que el Marco de Estadísticas Culturales 2009 hará una importante contribución a una mejor medición del impacto económico y social de la cultura.
Patrimonio, Progreso y Progresismo
Cuando se alzan voces y se promueven acciones en favor de la preservación del patrimonio arquitectónico de la Ciudad, no faltan quienes en tono paternalista y condescendiente dicen que no hay que proteger los edificios valiosos, porque eso es oponerse al progreso. Para el diccionario de la Real Academia Española, progreso significa “avance, adelanto, perfeccionamiento”. Ninguna de estas acepciones parece definir el efecto que produce la demolición indiscriminada de inmuebles de valor patrimonial, la alteración de fachadas y la destrucción de empedrados y trazas históricas que dan cuenta de los orígenes, evolución y formas de vida de nuestra ciudad. Y aún menos, su reemplazo por obras realizadas con materiales de menor calidad y peor diseño.
Se trata de mucho más que de preservar el pasado, se trata de conservar edificios que por sus atributos y cualidades garantizan una mejor calidad de vida. Y que cuando forman conjuntos como pueden ser los barrios de San Telmo, Caballito o Floresta –hoy en conflicto por el avance de obras indiscriminadas e innecesarias– hacen a un estilo de vida particular, cuya homogeneización y deterioro no es un progreso sino todo lo contrario.
¿Alguien en su sano juicio y de buena fe puede interpretar que la pérdida de edificios construidos con materiales nobles, técnicas artesanales prácticamente irreproducibles y diseños artísticos destacados significa un avance, perfeccionamiento o mejora para nuestra ciudad? No lo es desde el punto de vista cultural y simbólico, y tampoco desde el económico. La demolición de inmuebles para los que fue necesario invertir tiempo, dinero, conocimientos y materiales hoy irreproducibles es más bien un retroceso.
Así lo expresaba en 1975 la Carta Europea del Patrimonio Arquitectónico: “Cada generación da una interpretación diferente del pasado y extrae de él ideas nuevas. Cualquier disminución de este capital es tanto más un empobrecimiento por cuanto la pérdida de los valores acumulados no puede ser compensada ni siquiera por creaciones de alta calidad. Además, la necesidad de ahorrar recursos se impone en nuestra sociedad. Lejos de ser un lujo para la colectividad, la utilización de este patrimonio es una fuente de economía”.
Conservar el patrimonio es, aunque parezca contradictorio, un gesto progresista. Es proteger un derecho colectivo y un bien social común, como son la calidad ambiental, el valor simbólico que representa la memoria de la comunidad reflejada en la arquitectura y el hacer accesible la belleza de los edificios a todo el mundo, frente a la intención individualista de destruir, casi siempre por simple codicia, esos valores expresan a una sociedad respetuosa de su pasado y consciente de su futuro.
Patrimonio Arquitectónico y Calentamiento (Local y) Global
Hace algunas semanas comentábamos en esta misma columna la íntima relación que existe entre el Patrimonio Arquitectónico y el Medio Ambiente –la Constitución de la Ciudad, incluso ubica al primero como un elemento constitutivo e indisoluble del segundo- y más específicamente que su protección es otra forma más de luchar contra el cambio climático.
Decíamos allí que la destrucción del patrimonio construido supone el desaprovechamiento de los recursos que fueron utilizados originalmente para su construcción: humanos, financieros y materiales, incluyendo los recursos naturales renovables y no renovables, y que por lo tanto indirectamente, pero de manera no menor –incluyendo también los recursos utilizados para la demolición y construcción de un nuevo edificio-, contribuye a la generación de los gases responsables de la catástrofe climática.
Pero, éste no es el único perjuicio sobre el medioambiente. El edificio antiguo será reemplazado en casi todos los casos por otro de mayor volumen y altura, incrementando la superficie vertical construida en la Ciudad.
En el documento titulado “Plan de acción para enfrentar las posibles consecuencia negativas del calentamiento global – Buenos Aires 2030”, elaborado por la Agencia de Protección Ambiental del Gobierno de la Ciudad y que presentó recientemente el Jefe de Gobierno en la Cumbre de Copenhague, se dedica todo un capítulo a explicar el significado e implicancias de la denominada “isla de calor”.
La define como “el reemplazo de los espacios abiertos y la vegetación por edificios, calles e infraestructura urbana, [que] implican la sustitución de superficies permeables y húmedas por asfalto y cemento. Este proceso conduce a la formación de lo que se conoce como isla de calor urbana. Este fenómeno hace referencia a que principalmente durante noches sin viento y escasa nubosidad, las ciudades suelen ser más cálidas que el medio rural que las rodea. En general, la temperatura en la ciudad se distribuye de forma tal que los valores más altos se registran en el área céntrica donde las construcciones forman un conjunto denso y compacto”.
La diferencia de temperatura producida por las edificaciones oscila –en el caso de Buenos Aires- entre 1,5 y 3,5 grados, y las consecuencias negativas de este fenómeno –reconoce el informe- es el aumento del consumo de energía en el periodo estival, el aumento de la contaminación atmosférica y de las emisiones de gases de efecto invernadero. Casi nada…
Este los principales factores que la provocan está lo que los autores denominan “materialidad urbana”, esto es el cúmulo de materiales –hormigón, cemento, asfalto, etc.- que existen en una ciudad, y la reflectancia que estos provocan. Es decir, el porcentaje de energia solar que las mismas reflejan, y a su vez el grado de emisión de calor de las superficies cuando son expuestas al sol. La mala noticia es que la mayoría de los materiales que se utilizan en la construcción, a excepción del metal, tienen valores altos de emisión térmica.
La isla de calor se potencia por la “geometría urbana”, ya que las zonas edificadas ofrecen una mayor superficie de absorción de calor que irradian lentamente durante la noche. La distribución de los edificios en una ciudad –mayor o menor concentración- y la altura de los mismos, potencian el efecto, ya que producen un reflejo horizontal de la radiación y permiten que el calor permanezca más cerca del suelo.
La consecuencia energética ya citada no es el único factor negativo que produce sobre nuestra vida y sobre el medio ambiente. También afecta la calidad del aire y agrava la contaminación, y tiene consecuencias directas sobre la salud, que pueden llegar –según el informe- a “dificultades respiratorias, agotamiento, calambres y hasta paros cardíacos”.
En tanto la Ley de Protección Ambiental de la ciudad considera la construcción de edificios como casos de Mediano Impacto Ambiental, pero lo más curioso es que la evaluación se realiza mediante un “manifiesto” presentado por el propio interesado.
Tal vez haya llegado la hora de que la Legislatura porteña modifique el texto de esta ley –sancionada en 1999-, y la adapte a la situación actual y a las conclusiones del informe que comentamos. Y sobre todo, y antes que nada, que se cumpla, porque ningún funcionario parece haberse enterado que entre los objetivos que la evaluación del impacto ambiental debe considerar es el de “Preservar el patrimonio natural, cultural, urbanístico, arquitectónico y de calidad visual y sonora” de la Ciudad.
Frente a esto el Ministerio de Desarrollo Urbano sigue aprobando proyectos de torres y edificios en altura, sin planificación y de una manera desordenada y caótica. ¿Habrán escuchado el discurso de Mauricio Macri en la capital danesa y leído el contundente estudio elaborado por sus pares de Medio Ambiente? Parece que no…
(Publicado en el diario Página/12 el 6-2-2010).
