Google Art Project incorpora al MAPI
El MAPI – Museo de Arte Precolombino e Indígena de Montevideo anunció que Google Art Project (http://www.googleartproject.com/collection/museo-de-arte-precolombino-e-indigena-mapi-uruguay/) incorporó imágenes en alta resolución de las principales piezas de su colección y permitirá explorar y disfrutar sus objetos arqueológicos y etnográficos en línea.
Esta primera selección incluye 50 piezas pertenecientes a la colección del MAPI, y son representativas de las regiones culturales representadas en el museo, pertenecientes a grupos indígenas que habitaron el territorio americano.
Entre las piezas exhibidas se destacan las siguientes: Región Mesoamericana: Máscara antropomorfa (Teotihuacan), Figura antropomorfa policromada (Nayarit); Región Intermedia: Figuras antropomorfas “Venus” (Valdivia), Silbatos zoomorfos (La Tolita y Jama-Coaque); Región Andina: Máscara (Oruro), Cerámica antropomorfa con asa puente (Moche); Región Sur Andina: Mortero antropozoomorfo (Aguada), Joya femenina Trapelakucha (Mapuche); Región de la Cuenca del Plata: Rompecabeza, Mortero o Pulidor. Las mismas fueron seleccionadas por el MAPI para formar parte de Google Art Project.
La resolución de las fotografías combinada con un visor que permite hace “zoom” sobre las imágenes brinda la oportunidad de descubrir detalles minuciosos de los objetos exhibidos.
El director del MAPI, Facundo de Almeida, expresó que esta incorporación “significa un privilegio para el MAPI porque será el primer museo uruguayo y uno de los primeros del Cono Sur en ingresar a esta plataforma de alcance global”, y agregó que “forma parte de una estrategia general del museo en la utilización de las nuevas tecnologías para facilitar y ampliar el acceso a los bienes culturales que integran su colección”.
Google Art Project es una plataforma que permite explorar colecciones de todo el mundo con miles de obras de arte fotografiadas con una resolución extraordinaria.
¿De qué se ríe?
El sentido del humor no parece ser una de las facetas más destacables de Horacio Rodríguez Larreta, jefe de Gabinete porteño, aunque el rictus que lo caracteriza pareciera demostrar lo contrario. Sus declaraciones recientes, afirmando que los vagones La Brugeoise, que desde hace casi cien años corren por las vías de la Línea A del subterráneo, podrían utilizarse para construir un quincho o hacer un asado, demuestran que tampoco tiene otros sentidos aún más deseables en un funcionario público: el común y el de la oportunidad.
Estos vagones que Rodríguez Larreta quiere echar al fuego, demostrando su insensibilidad frente al patrimonio cultural y su desconocimiento de la ley y de sus obligaciones, fueron, como recuerda Alejandro Scartaccini, “los primeros trenes eléctricos de unidades múltiples que circularon en nuestro país”.
Y el estudioso agrega: “Podemos decir que en su configuración original, los coches eran mitad tranvía y mitad subte, pues tenían cuatro puertas de cada lado: dos corredizas, que quedaban al nivel de los andenes de las estaciones del subterráneo, y dos plegadizas ubicadas en los extremos, dotados de sendas plataformas de estilo tranviario, con estribos que permitían el descenso a la calle. Cada unidad contaba con 40 asientos y las amplias ventanillas estaban equipadas con cortinillas de protección contra el sol, previstas para su empleo en superficie”.
Se trata hoy de la red de subterráneos más antigua del mundo prestando un servicio de transporte comercial. La necesidad de su reemplazo seguramente estará basada en explicaciones técnicas, pero no parece ser la seguridad, como se ha dicho, el principal argumento. En 2009, el ingeniero Eduardo Zerbo, a cargo del mantenimiento de material rodante de Metrovías, afirmaba que la Línea A era la de menor número de averías y accidentes.
Lo que Rodríguez Larreta parece desconocer es que varios sectores de la Línea A se encuentran protegidos por ley, incluidos algunos de sus coches, estaciones, talleres y equipamiento.
La ley 2796, sancionada por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires el 17 de julio de 2008, catalogó con nivel de protección estructural el inmueble ubicado en Avenida Directorio, entre Emilio Mitre 510 y José Bonifacio 940, más conocido como Taller del Polvorín, donde hasta el día de hoy se reparan los vagones históricos del subte.
Esa norma también protege, incluyéndolos en el régimen de protección del patrimonio cultural porteño regulado por la ley 1227, los puentes grúa originales de la construcción de 1912; un reloj eléctrico de pared ubicado en el muro de la nave 3 del edificio; dos cabinas revisoras de estación; bancos de trabajo; pilotes de apoyo; caballetes de apoyo; andamios móviles; equipamiento de carpintería; tornos; y exige que “como material rodante histórico, representativo de nuestro primer tranvía subterráneo que, además lo ha sido de toda Iberoamérica, también lo fue del Hemisferio Sur, se deberían conservar al menos dos formaciones de cinco (5) coches, con el fin de realizar, tal vez los fines de semana, viajes históricos”.
La protección de los elementos históricos del subterráneo no ha sido una de las preocupaciones de Metrovías, que solo por razones supuestamente estéticas y de “identidad de marca”, reemplazó todos los carteles de metal esmaltado, indicadores exteriores de las estaciones entre Plaza de Mayo y Plaza Miserere, a pesar de que se encontraban protegidos dentro del entorno del Area de Protección Histórica Nº 1.
Con estos antecedentes, el jefe de Gobierno porteño debería explicar qué medidas va a tomar el gobierno al que pertenece para proteger los vagones y otros elementos históricos de la Línea A del subterráneo, en lugar de referirse al tema con humoradas poco felices.
Lo mismo debería hacer el ministro de Cultura, Hernán Lombardi, y la subsecretaria de Patrimonio Cultural, María Victoria Alcaraz, autoridades de aplicación de la ley 1227. Hasta ahora no se les ha escuchado la voz, a pesar de que obligatoriamente deben tomar intervención antes de que se realice cualquier modificación en la Línea A, para garantizar la preservación del patrimonio histórico involucrado.
Esperemos que los vagones del subte no terminen de quincho en la casa de algún funcionario público; en venta por Internet como los carteles antiguos de la Línea A (http://www.masoportunidades.com.ar/aviso/6067376-carteles-de-subte-a-disponible-en-bs-as-gba-zona-oeste); o, destinados a crear una habitación temática de un hotel alojamiento, como ocurre actualmente con un avión de Aerolíneas Argentinas vendido durante la etapa privada de la compañía a un país vecino.
(Publicado en el diario Página/12 el 29-12-12).
Patrimonio en tiempo de crisis
Mientras por estas latitudes seguimos discutiendo si hay que preservar o no el patrimonio arquitectónico y algunas voces se alzan en contra argumentando que atenta contra el desarrollo económico, la generación de empleo y otras burradas por el estilo, en Europa –en plena crisis– alientan la revitalización de los inmuebles históricos.
La iniciativa es de la Agrupación de Arquitectos para la Defensa de la Intervención en el Patrimonio Arquitectónico (Aadipa) y el Colegio de Arquitectos de Catalunya (COAC), y llega en forma de premio. Acaban de convocar al Primer Premio Europeo de Intervención en el Patrimonio Arquitectónico, con el objetivo de potenciar la rehabilitación y restauración.
El concurso será bianual y premiará los mejores trabajos divididos en cuatro categorías: Intervención en el patrimonio construido, Espacio público, Planeamiento y Divulgación.
Este primer llamado incluirá los proyectos ejecutados entre 2006 y 2012. En la categoría de Intervención en el patrimonio construido, se premiarán las mejores intervenciones en edificios y conjuntos protegidos; en la de Espacios públicos, donde se analizarán aquellas intervenciones que propongan soluciones para el espacio público histórico, tanto los declarados conjuntos monumentales como los que constituyen el origen de los pueblos, villas y ciudades.
La categoría de Planeamiento comprenderá a todos aquellos planes especiales de protección del patrimonio, catálogos, inventarios y cualquier otro instrumento dirigido a la protección, conservación y puesta en valor del patrimonio arquitectónico; y el último galardón será para los proyectos de Divulgación, que premiará a aquellas iniciativas y acciones que tienen como objetivo la difusión del patrimonio arquitectónico.
La convocatoria estará abierta para todos los arquitectos y sociedades miembros de la Aadipa y estará abierta hasta el 1º de marzo de 2013. El 10 de mayo se hará público el veredicto del Premio y los proyectos ganadores y finalistas en cada una de las categorías serán expuestos, además de formar parte de una publicación.
Una excelente iniciativa que, en tiempos de crisis, busca reafirmar la necesidad de que el patrimonio arquitectónico se transforme en un instrumento de de-sarrollo, generación de empleo, y en definitiva en un recurso cultural que contribuya a reactivar la actividad del sector.
(Publicado en el diario Página/12 el 22-12-12).
El legado del alquimista
Francisco Piria legó al Uruguay uno de sus balnearios más tradicionales y concurridos, que lleva su nombre como Piriápolis. Una versión más monumental que la del otro lado del río, nuestra Villa Gessell, que también lleva el nombre de su soñador y hacedor.
Piriápolis aún conserva varios de los edificios que soñó y mandó a construir su promotor sobre un terruño de 2700 hectáreas, que iban desde el cerro Pan de Azúcar hasta el mar. Convencido de las virtudes del lugar, diseñó un centro turístico regional y para ello construyó una rambla de siete kilómetros, un puerto, un circuito ferroviario y su propio castillo, entre otras obras. Además, hizo una campaña publicitaria en Buenos Aires, para la cual invirtió 15.000 pesos de la época.
Este uruguayo, nacido en Montevideo en 1847, desarrolló también la producción agropecuaria, una fábrica de cerveza y una bodega, logrando la autosuficiencia del balneario, e impulsó la explotación minera, proveyendo de piedras a la construcción en Montevideo y en Buenos Aires, entre otras a la emblemática Confitería Del Molino.
En Piriápolis construyó, además del castillo, una iglesia que nunca llegó a consagrarse, un hotel que hoy es una residencia de vacaciones para estudiantes de escuelas y liceos públicos de todo el país, y su obra más significativa, el Argentino Hotel. El hotel comenzó a construirse en 1920, cuando el presidente uruguayo Baltasar Brum colocó la piedra fundamental, y su costo –impresionante para la época– ascendió a 5 millones de pesos y se proyectó para recibir 1200 pasajeros. El edificio tiene 120 metros de frente, 70 de fondo y 6 plantas y, desde sus comienzos, estuvieron previstas las instalaciones para el desarrollo de la talasoterapia –uso terapéutico del agua de mar– con duchas y bañeras para baños fríos y calientes, sección de gimnasia sueca, salones de peluquería, manicuría y otros.
Fue construido según el modelo de los grandes establecimientos mediterráneos y en la obra está presente la simbología alusiva a la alquimia. Su planta en forma de H, representa el símbolo de Urano, planeta regente de Acuario, así como las dos esculturas de grifos en el frente del acceso, figuras emblemáticas mezcla de león y águila que según la alquimia simboliza el combate entre ambos seres, que finalmente se fusionan en uno solo: león alado, metáfora del combate materia-espíritu que tiene lugar en el hombre mismo. El hotel también posee un importante vitral donde se ve una cascada de rosas, símbolo de la piedra filosofal y de cómo el alquimista puede perfeccionar a la naturaleza.
El alhajamiento del hotel fue otro de los lujos de Piria, trajo la lencería de hilo de Italia, vajilla de Alemania, cristalería de Checoslovaquia y el mobiliario –que aún hoy equipa las habitaciones, vestíbulos y salones– de Austria. La inauguración se concretó el 24 de diciembre de 1930. Hoy, conservado en excelentes condiciones –inclusive con algunas de sus bañeras y grifería originales– sigue siendo un centro turístico de primer orden. La propuesta de baños termales, servicios enfocados al turismo familiar y una programación cultural permanente que incluye exposiciones, conciertos, congresos, seminarios y espectáculos de todo tipo, logran mantener su vitalidad durante todo el año.
La historia de Francisco Piria, sus coqueteos con la alquimia y el impresionante tesón y visión de futuro de este oriental son también hoy elementos de un patrimonio intangible que enriquece la visita al hotel.
Francisco Piria, que murió pocos años después de la inauguración del Argentino Hotel, lo pensó para que lo superviviera y fuera un emprendimiento que se proyectara al futuro, tan es así que la maquinaria de la lavandería cuenta con repuestos para mantener durante 200 años el equipamiento funcionando. Nadie piensa transformarlo en un shopping o demolerlo, y a poco de cumplir 82 años es un ejemplo de patrimonio vivo y rentable. Vale la pena conocerlo.
Patrimonio invisible
El patrimonio cultural, según las distintas épocas y visiones, se ha clasificado en material, inmaterial, tangible, intangible, viviente, entre otras acepciones. Vamos a agregar una nueva categoría: el patrimonio invisible. Podemos definirlo como el patrimonio arquitectónico considerado desde la perspectiva de la actual gestión del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Todo aquél que medianamente conozca el funcionamiento del Estado y sus lógicas sabe perfectamente que lo que no está en la Ley de Presupuesto no existe, y eso pasa (o casi) con el patrimonio arquitectónico en la ciudad de Buenos Aires.
El proyecto de ley de Presupuesto presentado por la administración macrista ante la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires (http://www.buenosaires. gov.ar/areas/hacienda/presupuesto2013/) siquiera nombra al área que en la práctica más poder tiene a la hora de decidir sobre la protección de un inmueble de valor patrimonial: la Supervisión de Patrimonio Urbano. Una supervisión es menos que una Dirección General, menos que una Unidad Ejecutora y tampoco califica como Unidad de Proyecto. No es nada de eso, y por lo tanto, hasta para comprar un rollo de papel higiénico depende de su superior inmediato, el director general de Interpretación Urbanística.
Esta dirección general tiene, además de la responsabilidad en la preservación patrimonial, la obligación de “entender en el Planeamiento y en el estudio integral de la problemática urbanística de la Ciudad, como así también en la interpretación, aplicación, modificación y actualización de las normativas referentes al Código de Planeamiento Urbano”. Casi nada…
Para todo eso cuenta con una partida de 8.237.155 millones de pesos, frente a un presupuesto total del Ministerio de Desarrollo Urbano, para el que se prevé un gasto anual de 1.532.344.816 millones de pesos. Quiere decir que los fondos previstos para el área que engloba –pero excede– al patrimonio urbano representan un 0,53 por ciento del total.
Lo llamativo es que en la descripción de políticas incluida en el proyecto de Presupuesto, muy detallado en la enunciación de sus programas y actividades, nada dice de las responsabilidades primarias que la biblia de los arquitectos –el Código de Planeamiento Urbano– le asigna a la Subsecretaría de Planeamiento Urbano.
Por ejemplo, los “Programas de vivienda que comprendan la rehabilitación total o parcial de edificios [patrimoniales] existentes”, los “Programas de radicación y/o realojamiento de familias que se encuentran en situación de ocupantes ilegales o en edificios [patrimoniales] que presenten malas condiciones de habitabilidad”, o los “Programas de conservación de edificios de alto valor patrimonial que comprendan su rehabilitación y puesta en valor”, entre muchos otros.
Tampoco figura en el presupuesto la previsión presupuestaria para la creación del Ferec –Fondo Estímulo para la Recuperación de Edificios Catalogados–, cuyo incumplimiento por parte del Ejecutivo porteño celebrará en 2013 su decimotercer aniversario. Esta infracción motivó, tiempo atrás, el inicio de una denuncia de oficio por parte de la Justicia Penal, para investigar el presumible incumplimiento de los deberes de funcionario público por parte del jefe de Gobierno, de su ministro de Desarrollo Urbano y del subsecretario de Planeamiento Urbano.
Por su parte, el Ministerio de Cultura tiene la responsabilidad primaria en la preservación del patrimonio cultural, según lo obliga la Ley 1227, y enuncia en la Ley de Presupuesto que se ocupará de “Preservar, mantener y revalorizar los bienes patrimoniales de la Ciudad que, al margen de sus características patrimoniales, poseen cualidades excepcionales legitimadas por las experiencias colectivas”. La pena es que sólo piensa hacerlo a través de seminarios, cursos, talleres, revistas digitales, visitas guiadas y un ciclo de charlas/cursos/jornadas organizados por la Dirección General de Patrimonio e Instituto Histórico, pero sin prever nada concreto en lo que se refiere a la protección, restauración y gestión del patrimonio edilicio porteño.
Para lo anterior, prevé un presupuesto de 16.455.806 millones de pesos para la Dirección General de Patrimonio e Instituto Histórico y 5.450.639 millones para la Dirección General del Casco Histórico, que sumados solo representan un 1,9 por ciento del total asignado al Ministerio de Cultura.
Los discursos pueden indicar otra cosa –aunque de a poco los propios funcionarios porteños van reconociendo en público que el patrimonio arquitectónico no les interesa en lo más mínimo– pero el proyecto de ley de Presupuesto no miente. Allí están las prioridades, y el patrimonio cultural, claramente, no lo es para el Ejecutivo local.
(Publicado en el diario Página/12 el 3-11-2012).
Patrimonio y participación
La necesidad de implementar políticas para lograr la apropiación social del patrimonio suele estar presente en todos los discursos, pero pocas veces tiene un reflejo en acciones concretas.
La ciudad de Buenos Aires es un claro ejemplo de ello, ya que desde 2003 tiene una ley que obliga a incorporar en los programas educativos el reconocimiento y la valoración del patrimonio cultural, pero esto jamás de hizo.
Una vez más, nos llega una buena lección desde México. Desde hace una década el Instituto Nacional de Antropología e Historia –el poderoso INAH– desarrolla un programa de valoración y conservación preventiva de bienes culturales en más de 100 localidades de ese país.
El INAH informó recientemente que trabajan en la restauración de pinturas, esculturas, retablos, objetos litúrgicos, pintura mural y acabados arquitectónicos, con la participación de especialistas de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural (Cncpc) del INAH.
Actualmente, están trabajando en 20 proyectos de distintas comunidades del país, entre ellos la limpieza y restauración del retablo principal de la Iglesia de la Natividad de María en Coatepec, en el municipio mexicano de Ixtapaluca, y la reproducción de cinco cuadros y cuatro esculturas del Templo de San Miguel Acambay, en Hidalgo, que fueron robados hace dos años.
Lo destacable es que esta tarea se realiza con la participación del Area de Atención Técnica a Grupos Sociales, que impulsa el apoyo a las comunidades en la preservación de su patrimonio, logrando fortalecer los lazos con la comunidad donde se encuentran estos bienes culturales.
Los especialistas del INAH detectaron que las obras de arte restauradas, poco tiempo después, nuevamente estaban deterioradas, por lo cual se tenían que volver a intervenir, con lo que esto implicaba en términos de costos y riesgos para las piezas.
Fue a partir de esa reflexión que implementaron una iniciativa en la que se involucra a los ciudadanos en el conocimiento y cuidado de su patrimonio, logrando la participación de las comunidades en la conservación preventiva de los bienes, lo que conlleva también a la recuperación del legado histórico e identidad de cada localidad.
Para ello, el INAH desarrolla materiales de difusión en los que se explica qué es el organismo, cómo proteger los bienes culturales que utilizan en procesiones u otras actividades, cómo evitar robos o incendios, qué hacer en caso de que suceda alguno de estos percances, y qué pasos legales hay que seguir para constituirse como grupo de apoyo.
“Se les ofrece información en un lenguaje muy accesible y los orientamos en las gestiones, es decir, en los procesos a seguir para obtener recursos económicos alternos con fundaciones o apoyo de otras asociaciones, destinados a la conservación de sus bienes culturales”, explican los involucrados.
Actitud totalmente contraria a la de las autoridades locales, que reniegan de la participación ciudadana en la defensa del patrimonio arquitectónico y hasta han intentado desacreditarla diciendo que no es un tema para que se tenga que ocupar “Doña Rosa”, o negando el acceso a espacios de decisión como el Consejo Asesor de Asuntos Patrimoniales.
(Publicado en el diario Página/12 el 15-9-2012).
Córdoba en emergencia
La ciudad de Córdoba fue noticia tiempo atrás por la aprobación de las obras que autorizó el municipio en el predio de la ex Cervecería Córdoba. Allí la empresa Euromayor proyectó seis torres y para eso demolió la chimenea de la fábrica, con autorización municipal a pesar de que contaba con protección patrimonial.
La Docta también sufrió los embates de los depredadores patrimoniales, cuando otro emprendimiento inmobiliario puso en riesgo el Banco de Córdoba y la Manzana Jesuítica, área declarada Patrimonio Mundial por la Unesco.
Tanto despropósito parece que ahora el Concejo Deliberante busca revertirlo con un proyecto para proteger los bienes de valor patrimonial y otorgarle al municipio la facultad de controlar las intervenciones que se realicen. Para eso, los concejales acaban de declarar la emergencia patrimonial y crearon una comisión mixta revisora, integrada por cinco ediles y dos miembros del Poder Ejecutivo, que tendrá a su cargo el relevamiento de los bienes inmuebles valiosos.
El listado de base fue confeccionado en la década del 70 y ampliado en tiempo de la gestión de Luis Juez al frente de la municipalidad, y reúne cerca de 1900 edificios, que a partir de la ordenanza aprobada por unanimidad, quedarán preventivamente protegidos.
Para ello, la norma establece la revisión del listado de construcciones protegidas y suspende la emisión de los certificados de edificabilidad, según ordena la iniciativa, que presentó el concejal Esteban Dómina, al que se sumó su par Analía Romero, quien fundamentó: “Es necesario reflexionar sobre la conjugación entre mercado, Estado y sociedad para que se tome conciencia sobre el valor arquitectónico de la ciudad”.
La vigencia de la emergencia será por 180 días, y en ese plazo la comisión debe expedirse sobre el valor patrimonial de los inmuebles involucrados en el proyecto.
Este avance se produce cuando el tema del barrio Alberdi, donde estaba ubicada la ex cervecería, vuelve a ser noticia, porque los vecinos se movilizaron nuevamente reclamando que también se declare la emergencia patrimonial en ese sector. La empresa constructora, en una decisión francamente insólita, luego de demoler la chimenea original, construyó una nueva, de carácter “evocativo”, tal vez para calmar los ánimos y que el planteo vecinal no afectara el marketing del nuevo emprendimiento.
Pero los ciudadanos movilizados a través del Foro en Defensa del Patrimonio Cultural ahora van por más. Piden que se protejan el Cine Moderno y el complejo de las casas de estudiantes de la Reforma de 1918 en Pasaje Verna, y que se recuperen la casa del Chango Rodríguez, el Registro Civil, el Hospital de Clínicas y “todos los lugares que reflejan la identidad alberdiana”.
Cuando de patrimonio cultural se trata, la política reacciona frente al reclamo ciudadano. Esperemos que esta comisión sesione y debata de cara a la ciudadanía, y lo haga en pos del interés público. En seis meses, les contaremos los resultados.
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/m2/10-2341-2012-08-30.html
